Un poco de lo que escribo…

marzo 3, 2008 at 7:16 pm (Literatura, Personal)

“La tragedia de dos en el Nilo”

Son muchas las historias que se pueden contar sobre amores prohibidos. Mi nombre es Clara O’Gorman y soy bibliotecaria. Estudié bibliotecología porque desde pequeña sentí una extraña e insaciable fascinación por los libros, en especial por aquellos que están clasificados como raros por su vejez y estado de deterioro. Siempre me cuestioné el hecho de que se dejaran perder tantas historias, ya que es muy difícil encontrar los recursos para transcribir lo que cada libro raro tiene plasmado en sus páginas. Hace muchos años, desde que trabajo en esta vieja pero valiosa biblioteca, tengo a mi cargo la sección de libros raros y, siempre que tengo la oportunidad, leo con efervescencia cada libro que allí se encuentre. Quiero llenar mi espíritu de todas esas historias a las que pueda darle continuidad para que sigan latiendo en el corazón del pueblo aunque a su papel ya sólo le queden pequeños pedazos, tan delicados que con sólo un toque pueden deshacerse.

Mis historias favoritas son las egipcias. Pienso que su cultura ha hecho grandes aportes a otras y que está llena de matices ricos en sensaciones, pasiones y emociones. Es muy importante leer sobre esos faraones, esas intensas batallas, la hermosura de la naturaleza. Mientras sacudía el polvo de algunos libros viejos, me percaté que algo sobresalía de uno de ellos. La sorpresa que me llevé fue inmensa porque al abrir el libro un pedazo de papel fino y delicado cayó al suelo. Era nada más y nada menos que un papiro con una historia que, al leerla, jamás podría borrar de mi mente… nunca…

Eran momentos difíciles en Egipto. El destino del triunvirato estaba en la cuerda floja y todos vivían a la expectativa de lo que pudiera ocurrir en cualquier momento. Sin embargo, la atmósfera de tensión que reinaba contrastaba con la paz que había en las escuelas que circundaban el Nilo y las áreas adyacentes. En un recinto estaba Zamón, uno de los escribas más importantes del gobierno, que disfrutaba de relatar las historias que diariamente llamaban su atención. Pero la historia que estaba escribiendo en hojas largas de papiro tocó las fibras de su curiosidad y espanto, ya que fue testigo de todo aquello que presenció.

Mientras se paseaba a orillas del río Nilo, vio cómo unos amantes se entregaban hasta la saciedad. Era increíble ver cómo sus cuerpos se fusionaban y amaban de tal manera que el mismo Zamón lograba sentir cada punto erógeno, tanto del hombre como de la mujer. Escapó a su casa casi en llamas, pues sentía que el fuego que se desataba en el Nilo lo consumiría a él también. Dos días después, Zamón volvió a pasearse por los mismos alrededores incandescentes y se repitió la misma experiencia. Luego de estudiar cada acontecimiento que presenciaba, Zamón se percató del ritmo constante de encuentros que se daban allí y, sin los amantes saberlo, se convirtió en testigo ocular del sexo más apasionada que jamás en la vida hubiese podido ver. Zamón insistía en asistir a cada reunión de aquellos dos porque podía consumir sus energías, sus deseos, sus pasiones y alcanzar el éxtasis jamás logrado por hombre alguno. Fueron casi dos años de intensidad y de espionaje fiel, no obstante, en una de las citas ocurrió algo diferente. El hombre llegó al lugar acostumbrado pero con una mujer distinta. La perturbación en Zamón fue tal que ese día no pudo sentir nada. El próximo día que, se suponía, fuese el siguiente encuentro de los antiguos amantes, el hombre volvió con aquella otra mujer. Pasaron días de investigación y Zamón se dio cuenta que habían días que no sentía nada pero otros en los que sí, cuando él llegaba con la primera que Zamón le conoció. Era evidente: ese hombre andaba con las dos, engañaba sin piedad, la fidelidad no era parte de su vida. Sin embargo, más allá de la moral, Zamón se sentía cada vez más en la necesidad de volver a lo de antes: sentir en ese ritmo constante el placer y el sabor dulce de dos cuerpos en entrega total. Pensó en la manera que lograría esto y se le ocurrió enviar una nota anónima en papiro a la legítima e indicarle los días y las horas en las que su amante se encontraba con la otra. La mujer hizo caso al anónimo y se presentó, a escondidas, en el lugar de reunión. Vio cómo primero llegó él, luego la otra, cómo se abrazaban, cómo se besaban, cómo se tocaban, cómo vibraban, cómo jadeaban, cómo esa mujer se apropiaba de lo que alguna vez ella creía sería suyo para siempre. Al fin, vio cómo reposaban juntos, desnudos, mojados en el sudor y en el lodo de su aventura. Zamón presenció la terrible desgracia para la mujer y cómo ella se juró vengar esta deshonra.

Zamón llegó al Nilo el día que se suponía se encontrara la pareja original. Esta vez no quería sentir el placer que siempre experimentaba, sino que anhelaba ser espectador en primera fila del acto de venganza que su protegida había jurado ejecutar. Llegó el hombre primero, no tardó mucho en que ella llegara. Se abrazaron, ella simuló tener todo bajo control y se entregó como siempre lo había hecho. Él la besaba, ella se dejaba tocar, con cada beso y con cada caricia, con cada mordisco, con cada apretujón crecía el odio de ella hacia él. Comenzó a salir éter por la piel de ella, él sintió el mal sabor pero la pasión descontrolada era tal que no podía despegarse de su cuerpo. Con beso el hombre se envenenaba, salía más éter de ella, más se envenenaba él. El odio llegó a acumularse tanto en ella que escarabajos negros salieron de su boca y consumieron el cuerpo de su amante. Los insectos devoraron al hombre en un abrir y cerrar de ojos y sólo quedó el corazón inerte que yacía en la tierra. Ella lo tomó en sus manos y se lo fue comiendo poco a poco. La vanidad, la infidelidad y la maldad que había en el corazón de ese hombre paralizaron el estómago y el corazón de la mujer, provocando que ella muriera envenenada. Ese fue el fin de los encuentros de dos amantes en el Nilo…

Zamón quedó petrificado, nunca en su vida había presenciado cosa tal. Recuperado un poco el aliento, se dirigió al recinto donde acostumbraba escribir. En un pedazo de papiro escribió la historia de amor fatal. Con temor a que alguien lo encontrara y lo tildara de loco, guardó el papiro dentro de un libro, nunca comentó nada a nadie… murió con el secreto de sus ojos.

Ese es el libro que abrí, esta es la historia que acabo de leer. Debo cerrar la biblioteca, ya es hora. Es de noche, voy a encontrarme con mi amado. Recibí un anónimo hace unos días y no sé por qué siento hoy una gran simpatía por las hormigas bravas…

Por Nadia Rivera
21 de febrero de 2008
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